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El oído, órgano que garantiza la comunicación con el medioambiente, en el reconocimiento de la traducción acústica de la naturaleza y en el sentido del desplazamiento dentro de ella, mediante sus funciones de la audición y del equilibrio estático y dinámico, se encuentra dividido en tres grandes partes: oídos externo, medio e interno, hablaremos todos los procesos y pruebas para mejor estudio y tratamiento. 

1. Interrogatorio


Está basado en los mismos principios aplicados en la clínica general, informándonos sobre la historia de la enfermedad actual, los antecedentes personales, familiares, aspectos profesionales y los síntomas que se presenten.

2. Manifestaciones subjetivas


El enfermo del oído acude generalmente a consulta por uno o varios de estos síntomas: dolor, acúfenos, hipoacusia, vértigos o sensación de humedad.

El dolor es variable en cuanto a su intensidad, pues transita desde el dolor sordo, que se observa en las otalgias reflejas debido a afecciones extraoticas, al dolor violento y pulsátil de las inflamaciones agudas del oído externo y medio.

La hipoacusia es uno de los síntomas más importantes; puede ser expresión de una lesión en el aparato de transmisión o de percepción de la audición.

Los acúfenos o ruidos de oídos, habitualmente muy molestos para los pacientes, llegan en ocasiones a alterar el psiquismo y pueden ser continuos o intermitentes, de tonalidad grave o aguda. Los primeros suelen presentarse en las enfermedades del aparato de transmisión, y los segundos en las afecciones del aparato de percepción. También se describen acúfenos originados fuera de la esfera otica, producto sobre todo de enfermedades vasculares (arteriosclerosis, hipertensión arterial y aneurismas de la carótida).

El vértigo es la sensación irreal de desplazamiento del cuerpo en el espacio (vértigo subjetivo) o de los objetos que lo rodean en relación con el cuerpo (vértigo objetivo). Puede manifestarse en forma continua o en crisis.

El vértigo es la expresión de una disfunción del aparato vestibular que, conjuntamente con el cerebelo y el sentido de la vista, contribuye a mantener el equilibrio. La sensación de humedad es expresión de procesos segregantes del oído externo y medio.

3. Examen físico


La inspección permite observar lesiones dermatológicas, deformidades (congénitas o adquiridas), e inflamaciones del pabellón auricular y la región mastoidea.

Mediante la palpación se detectan los puntos dolorosos provocados, como son la presión sobre el trago y la tracción del pabellón, de valor diagnóstico en la otitis externa aguda, difusa o circunscrita. También tiene utilidad la palpación en la exploración de la región mastoidea, pare el diagnóstico de las mastoiditis agudas.


4. Otoscopia



A través de este examen podemos visualizar todo el conducto auditivo externo y la membrana timpánica en sus características normales o patológicas. Para practicarla se requiere una buena iluminación con el espejo frontal y un especulo de oído. Al paciente, sentado de perfil y con la cabeza ligeramente inclinada hacia el hombro opuesto, se le tracciona el pabellón hacia arriba y atrás, a la vez que se le introduce él espéculo, el cual se sostiene con el pulgar y el índice, de forma delicada. Debe usarse el espéculo de mayor tamaño posible.
En el niño pequeño la tracción del pabellón se hace hacia abajo.


5. Exploración de la trompa


Por ser este un órgano profundamente ubicado, la trompa es explorada fundamentalmente por métodos indirectos, tales como las pruebas de Valsalva, de Politzer y el cateterismo; dichas pruebas permiten evaluar el grado de permeabilidad tubaria.

5.1 Prueba de Valsalva. El paciente realiza una espiración forzada con las ventanas nasales y la boca cerradas, lo cual obliga a que el aire entre en el oído medio (caja del tímpano), produciendo un ruido peculiar, detectable por el examinador mediante la auscultación del conducto auditivo externo.

5.2 Prueba de Politzer. Esta prueba se fundamenta en la apertura de la trompa y la elevación del paladar blando durante la deglución. El paciente mantiene un poco de agua en la boca, mientras colocamos la oliva de una pera de goma en la fosa nasal del lado a explorar (simultáneamente obliteramos la otra fosa) e invitamos al paciente a deglutir; en ese momento comprimimos enérgicamente la pera. Si el aire penetra normalmente en la caja produce un ruido característico, corroborando mediante la otoscopia una ligera congestión del martillo y la parte nacida del tímpano.

5.3 Cateterismo. Esta prueba tiene la ventaja de explorar selectivamente una sola trompa. Se practica con la sonda de Itard, la cual se introduce a través de la fosa nasal hasta la nasofaringe, se rota y se cateteriza al orificio tubario ubicado en la pared lateral de la nasofaringe. Luego se fija la sonda con la mano izquierda y se hacen varias insuflaciones con la pera de Politzer.

6. Examen radiológico

La exploración radiológica del temporal constituye un valioso auxiliar de la clínica y cirugía del oído, debido a la información que nos brinda acerca del desarrollo celular mastoideo, de la repercusión de los procesos inflamatorios agudos y crónicos sobre estas cavidades, y acerca de la ubicación topográfica de importantes estructuras anatómicas, tales como seno lateral, duramadre y otras. Las posiciones más indicadas son las de Schuller, Stenvers y Mayer.

7. Proyección de Schuller o posición parietotimpánica

El rayo penetra por el parietal del lado opuesto al que se desea explorar, con una inclinación de 25º  y sale por el conducto auditivo externo del lado que se va a radiografiar.

En esta proyección podemos apreciar el estado de la neumatización mastoidea. Muy útil en la cirugía de la otitis media crónica, por lo bien que nos proyecta la posición del seno lateral, techo del antro y, por ende, de la situación de la duramadre.


8. Proyección de Stenvers u occipitocigomática

El rayo penetra por el occipital y sale por la arcada cigomática. Esta vista es idónea para observar procesos inflamatorios tumorales y líneas de fractura en el peñasco.

9. Proyección de Mayer


El rayo penetra en el cráneo por encima del reborde orbitario externo del lado opuesto al examinador y sale por la apófisis mastoidea del lado que se va a radiografiar. Nos muestra con gran nitidez lesiones del ático y del antro.


10. Exploración funcional del VIII par. Rama coclear: uso de los diapasones*


Los diapasones, uno de los primeros instrumentos utilizados en el diagnóstico de las afecciones auditivas, aún conservan gran utilidad y resultan un medio fácil y rápido de establecer el diagnóstico en gran número de afecciones. Describiremos aquí las pruebas básicas que se realizan con ellos en la clínica diaria.


11. Prueba de Weber



Su principio está basado en la propiedad que tiene el sonido, como energía vibratoria, de propagarse a través de los huesos del cráneo; se usa indistintamente el diapasón de 128 ciclos por segundo y el de 250, el cual se coloca vibrando en el vertex craneal o en la glabela de la frente; debe ubicarse cuidadosamente en la línea media, ya que con esta prueba vamos a determinar la simetría de la conducción ósea y esta, a su vez, será el índice diagnóstico.

En una persona normal, las vibraciones serán trasmitidas simétricamente a ambos oídos internos y el paciente nos informará por tanto que la percibe igual en ambos lados; este resultado se conoce como Weber indiferente. Pero si estamos frente a una lesión del oído, productora de una hipoacusia de conducción, se produce un fenómeno de reforzamiento por resonancia de la señal, motivando que el enfermo señale al oído afecto como en el que mejor oye el diapasón. Este se conoce y se informa como lateralización de la prueba de Weber hacia el oído afecto.

La tercera y última variedad, es cuando el enfermo presenta una lesión del oído interno, la cual afecta la percepción cuantitativa del sonido. En este caso, el Weber se lateraliza hacia el oído sano o al oído menos dañado.

12. Prueba de Rinne

Con esta prueba se establece la comparación de la percepción de las vibraciones provenientes del diapasón, entre la cantidad de sonido que percibe en un oído a través del hueso y la cantidad que percibe por el aire; se explora cada lado por separado.

El diapasón lo colocamos vibrando sobre la apófisis mastoidea del paciente, en un punto situado aproximadamente a la altura del conducto auditivo externo, pero para regularizar esta posición debemos seguir la norma de colocarlo donde se interceptan dos líneas: la primera sigue el eje vertical de la apófisis mastoides y la segunda, de curso horizontal, pasa por el borde superior del conducto auditivo externo.

Se le solicita al enfermo que nos informe cuando deje de percibir el sonido, y cuando lo haga, colocamos el instrumento a unos 2 cm frente al conducto auditivo externo; normalmente debe escucharlo el doble del tiempo que lo escuchó a través del hueso, pues la audición más eficiente es la fisiológica, es decir, la que se establece a través del aire. Este resultado lo conocemos como Rinne positivo. En las enfermedades del oído en que su consecuencia sea una dificultad en la conducción del sonido, el enfermo escucha largo tiempo el diapasón por vía ósea mastoides debido al fenómeno de reforzamiento; una vez que deja de oírlo lo colocamos frente al oído y ya no es capaz de percibirlo. En este caso estamos frente a un Rinne negativo.

La última situación (la que más dificultades de interpretación presenta) es en los casos de lesiones del oído interno, donde esta dada la percepción de los sonidos.

En estos casos el enfermo escucha el diapasón por un breve intervalo a través de la vía ósea; al pasarlo a la vía aérea aún lo escucha. Esto se explica porque la capacidad de la audición por la vía fisiológica es siempre mayor que la realizada por vía ósea, aún frente a un daño sensorial del órgano; informamos este resultado como Rinne, positivo patológico.

13. Prueba de Schwabach


Se fundamenta en la comparación de la audición por vía ósea del paciente con la del examinador, siempre que este último sea normal, debiendo explorarse cada oído por separado. Realizamos la prueba colocando el diapasón sobre la apófisis mastoides del enfermo, en el mismo punto que se sitúa para el Rinne, y se le pide al paciente que nos avise cuando deje de oírlo; una vez recibido este aviso, lo aplicamos sobre nuestra propia mastoides. Si el examinado es normal, nosotros lo dejaremos de oír simultáneamente, pero si existe una lesión de conducción por la misma causa de reforzamiento, el paciente oye mucho más tiempo que nosotros el instrumento, decimos entonces que el Schwabach está prolongado. Por otra parte, si estamos frente a una lesión del oído interno, el paciente escuchará las vibraciones menos tiempo que nosotros, siendo entonces el Schwabach acortado.

Podemos concluir que en las hipoacusias de conducción las pruebas con diapasones se comportan de la siguiente manera:

1.      Weber lateraliza el oído enfermo.

2.      Rinne negativo.

3.      Schwabach prolongado.

En las lesiones del oído interno tenemos:

1.      Weber lateraliza al oído sano o menos afecto.

2.      Rinne positivo.

3.      Schwabach acortado.

Las pruebas con los diapasones son mucho más numerosas y fueron desarrolladas antes del advenimiento de los modernos audiómetros; solo hemos descrito las tres de ellas más utilizadas y seguras, las cuales deben realizarse siempre en un ambiente lo más silencioso posible.

Se debe ser exhaustivo en la información al enfermo de lo deseado con las pruebas, a fin que atienda durante la exploración; bajo estas condiciones resultan de gran utilidad.


14. Audiometría tonal

El audiómetro moderno constituye un instrumento muy perfeccionado y poco complejo en su manipulación. Al principio fue exclusivo de las clínicas especializadas, pero en las últimas dos décadas, cada día es utilizado con más frecuencia en escuelas y centros de trabajo con niveles altos de ruidos; de aquí que el médico práctico necesite conocer sus principios básicos y sepa interpretar sus resultados.

Se basa esquemáticamente en un dispositivo que genera diversos tonos, tal como lo hacen mecánicamente los diapasones. Estos tonos se agrupan en frecuencias distintas que son: 125, 250, 500, 1 000, 2 000 y 4 000 ciclos por segundo, aunque los usos investigativos pueden tener cinco tonos más.

Los tonos son controlados en su intensidad por otros dispositivos que nos permiten dosificar la cantidad de sonidos que pasamos al paciente, en igual forma que lo hace un control de un equipo de música domestico; la intensidad de estos tonos se mide en decibeles (dB). Estos decibeles ascienden en escala de cinco en cinco, y van desde el 0 relativo hasta 110 dB. Un par de audífonos y un vibrador para explorar la vía ósea completan el instrumento.

Los resultados de la medición se expresan en una carta o planilla muy similar en todos los países, conocida como audiograma.

Esta prueba necesita mejores condiciones ambientales que las realizadas con diapasones, suprimiéndose los ruidos del medio lo más posible. Para ese fin se utiliza una habitación pequeña, especialmente  diseñada para ello y llamada cámara audiométrica.

La prueba se inicia explorando la vía aérea con los audífonos y, según aumentemos la intensidad, el paciente nos avisará donde empieza a escuchar el tono. Este resultado lo anotamos en la carta en una forma convencional e internacional; así, el oído derecho se inscribe con líneas rojas y el izquierdo, con azules. El procedimiento se repite en cada una de las frecuencias. Terminada la vía aérea comenzamos nuevamente, pero utilizando un vibrador especial que colocamos sobre la mastoides del paciente para explorar la vía ósea.

El audiograma normal es muy fácil de interpretar; las líneas de respuestas se ubican alrededor del instrumento de la calibración del equipo y las condiciones de la cámara audiométrica. No existe un acuerdo aceptado internacionalmente sobre este punto de normalidad, por lo que muchos autores determinaron sencillamente el promedio de respuestas de un grupo significativo de individuos jóvenes sanos y aun así es raro que pase de más de 20 dB.

Las líneas de conducción ósea se encuentran al mismo nivel de las conducciones aéreas, y se acepta una separación de unos 10 dB entre ellas.
El audiograma normal es una curva de tipo plano.
Describiremos tres tipos de gráficas, cuya frecuencia ocupa la mayoría de los resultados hallados en pacientes afectados con diversas lesiones del órgano de la audición y que nos van a servir para evaluar las hipoacusias.

En las lesiones de conducción encontramos una pérdida en la audición por vía aérea, que se sitúa hasta un máximo de 60 dB, pues por encima de esta cifra ya existe un componente neutral. La vía ósea se mantiene dentro de valores normales.


En una lesión del oído interno la pérdida de la capacidad del órgano sensorial hace descender el trazado de la vía ósea, por lo que la aérea acompaña a la anterior, pudiendo existir una separación entre una vía y la otra de hasta unos 20 dB. En este tipo de lesiones observamos las grandes pérdidas auditivas, y también, la dificultad no sólo de oír, sino de entender la palabra, limitando muchas veces la colaboración del enfermo.

El último grupo de curvas típicas son las conocidas como mixtas, es decir, donde están combinadas la afección de los sistemas de conducción y la percepción del sonido.

En este tipo de gráfica apreciamos un descenso de ambas vías, pero la ósea no se ubica a niveles normales, como sucede en las lesiones conductivas, ni se une a la vía ósea como en las lesiones puras del oído interno; en estos casos la conducción ósea queda intermedia entre ellos y separada de la vía aérea por un mínimo de 30 dB.


15. Logoaudiometría o audiometrí fonética          

                                              
Es el método más simple para evaluar cualquier pérdida auditiva y no requiere                                                                                                                                    instrumental, ni equipos, ya que la voz del examinador realiza la función.
Las pruebas más conocidas son las llamadas de la “voz hablada” y la “voz cuchicheada”.

Se puede practicar en cualquier espacio con poco ruido ambiental, en el que sea posible situar al paciente y al examinador hasta una distancia de 6 m.
Comenzamos con voz clara y natural (“voz hablada”), a pronunciar palabras simples desde unos 15 cm de la oreja del paciente y vamos alejándonos hasta llegar a un punto en el que él sea capaz de repetir las palabras que le decimos. Se anota la distancia a la cual dejo de oír.

Después, con aire residual, es decir, el que queda en nuestro sistema respiratorio después de una espiración, comenzamos a pronunciar palabras (“voz cuchicheada”), tratando de repetir las mismas hasta llegar al punto de no-audición.

Interpretaciones de los resultados. En el individuo normal y en las condiciones habituales de un local de consulta externa, tanto la voz cuchicheada como la hablada, deben oírse a una distancia de 6 m. Pero si el enfermo presenta una hipoacusia de conducción, esta distancia se reduce, escuchándose relativamente mejor las palabras cuchicheadas que las habladas.

En casos de lesiones del oído interno, la distancia será reducida e inclusive aparecerá en muchos enfermos dificultad no solo para oír, sino también para entender las palabras. Es notable como a estos pacientes se les dificulta oír la voz cuchicheada al contrario de las palabras habladas con voz natural. Se explica este fenómeno porque la voz cuchicheada esta formada por predomino de las frecuencias agudas del espectro auditivo, siendo estas frecuencias las que primero se dañan en la mayoría de las lesiones del oído interno. Por el contrario, oyen relativamente mejor la voz hablada, que es más abundante en sonidos de frecuencias bajas.

Modernamente estas palabras se agrupan según sus características acústicas y grabadas en discos o cintas magnéticas, las cuales se transmiten a través del audiómetro, todo lo cual facilita y ahorra tiempo, mejorando la calidad de los resultados. No obstante, el fundamento técnico es el mismo que cuando lo hacemos con la voz del examinador.


16. Examen timpanométrico

Este es un examen que se ha introducido en la especialidad recientemente, pero ha demostrado ser muy útil en la clínica: con el se efectúan las llamadas timpanometrías.

El timpanograma se fundamenta en principios objetivos, a diferencia de la audiometía tonal en que el paciente nos informa los puntos donde ha escuchado los tonos. En el timpanograma no se requiere su cooperación activa, interpretándose los resultados directamente en el instrumento.

Sus principios radican en la capacidad que posee el oído medio de absorber la energía proveniente de un audífono. Si conocemos que cantidad de sonido estamos introduciendo en el oído y medimos con un micrófono la cantidad rechazada, podemos establecer que cantidad de energía ha sido absorbida; este resultado es la llamada impedancia acústica o resistencia que ofrece el sistema timpanosicular al paso del sonido.

Si adjuntamos una pequeña bomba neumática al instrumento y variamos las presiones en el conducto auditivo externo, podemos establecer una curva conocida como timpanograma, en la cual aparece la absorción del sonido por el oído medio en tres diferentes situaciones:

a)     con presiones positivas hasta 200 mm de agua;
b)     con presiones iguales a la atmosférica;
c)     con presiones negativas hasta 200 mm de agua.

Resultan clásicos los tres tipos de gráficas más comúnmente encontradas:
1.      Curvas fisiológicas o normales (tipo A).
2.      Curvas de inmovilidad timpanosicular (tipo B), como se observa en los derrames serosos del oído medio y en sus procesos cicatriciales.
3.      Curvas de presiones negativas en el oído medio (tipo C), observadas en las obstrucciones tubáricas simples.

17. Examen de la función vestibular


El examen de la función vestibular se divide en dos pares: síntomas vestibulares espontáneos y vestibulares provocados.

17.1 Síntomas vestibulares espontáneos


La exploración de los síntomas vestibulares espontáneos se divide a su vez en: exploración de equilibrio estático, exploración de la marcha y exploración del nistagmo.

Exploración de la posición estática. Para explorar el equilibrio estático resulta adecuada la conocida prueba de Romberg. Cuando existe una afección vestibular no compensada, es decir, una asimetría laberíntica, el paciente presenta imposibilidad para mantener su posición, cayendo hacia uno de los dos lados, siempre en dirección al laberinto hipovalente.

Se puede observar al rotar la cabeza y, por tanto, cambiando la posición de los laberintos en el espacio, una caída hacia el lugar en que hemos situado el laberinto hipovalente.

Todo lo anterior es válido durante las crisis, pues debemos tener presente la facultad de la compensación central del órgano del equilibrio, por lo que un paciente con lesión periférica de cierta cronicidad puede presentar una prueba de Romberg negativa.

Exploración de la marcha. Podemos utilizar indistintamente la de Babinski o la de Osterhamser. Para la primera necesitamos disponer un espacio relativamente grande, indicándosele al paciente que marche con los ojos cerrados unos seis pasos hacia adelante y después hacia atrás. Cuando existe una hipovalencia vestibular periférica el enfermo no se dirige hacia el punto de partida al inicio de la prueba, sino que en cada ciclo de marcha se va desviando hacia un mismo lado. Si hipotéticamente trazamos una línea en el piso siguiendo la dirección de la marcha, encontramos que dibuja una figura parecida a una estrella, lo que se conoce como estrella de Babinski Well.

Cuando no es posible disponer de un espacio grande, se realiza la prueba de Osterhamser basada en el mismo principio, pero no se le ordena al paciente que camine, sino que marque el paso levantando las rodillas. En caso positivo este rotará sobre un eje en dirección al laberinto hipovalente.

Es muy importante vigilar que el examinado mantenga los ojos cerrados, ya que al mirar corrige involuntariamente la dirección de la marcha.

Exploración del nistagmo. El nistagmo consiste en una serie de movimientos involuntarios de los ojos, compuestos de dos fases: una lenta de origen vestibular, y una rápida, de corrección ocular; este signo puede mostrar diferentes grados de intensidades y debe explorarse detenidamente, ya que constituye un buen elemento de orientación diagnóstica.
Se puede realizar su exploración en decúbito o en posición sentada, en una habitación de poca luz y siempre que sea posible se utilizará un par de espejuelos de 22 dioptrías (lentes Frenzel); con estas dos condiciones logramos eliminar la fijación ocular que, de producirse, hace desaparecer el nistagmo vestibular de poca intensidad y atenuar mucho los intensos.

El nistagmo vestibular periférico se caracteriza por presentar una dirección horizontal o rotatoria, o también una combinación de ambos, pero nunca vertical, ya que este tipo de nistagmo obedece a lesiones centrales.

Posteriormente se investiga el nistagmo en varias posiciones de la cabeza, buscando el nistagmo de posición y de cambio de posición.

El nistagmo espontáneo se informa, por razones prácticas, según la dirección del componente rápido, ya que este es el más evidente a pesar de no ser de origen laberíntico, sino oculomotor de corrección.

17.2 Síntomas vestibulares provocados


Tenemos varios métodos de provocar una respuesta vestibular unilateral en un paciente, con el fin de analizar las características de ella; pero los más prácticos resultan los llamados pruebas calóricas, en las cuales mediante el enfriamiento o calentamiento de un laberinto, se logran originar corrientes de corrección de los líquidos. Estos movimientos estimulan los receptores de las crestas ampulares, mientras que en el lado contrario el laberinto se mantiene en reposo, originando una asimetría durante un breve espacio de tiempo; este es suficiente para analizar las características del nistagmo en sus parámetros de laten­cia, frecuencia, velocidad y fatigabilidad.

Simultáneamente podemos estudiar los desplazamientos segmentarios del cuerpo del paciente durante la prueba.

El método más generalizado es el llamado de Dix y Hallpike, según el cual irrigamos cada oído por separado con una cantidad de agua a velocidad y volumen constante; la temperatura del líquido es de 30 y 44 °C, lo que es igual a 7 °C por encima y por debajo de la temperatura corporal; con este gradiente térmico se logra suficiente respuesta vestibu­lar para el examen con un mínimo de estímulos. Tiene importancia este detalle, por el hecho de que los estímulos muy intensos, además de acarrear reacciones desagradables como vómitos y sudaciones, también pue­den ocultar una respuesta ligeramente disminuida.

Los resultados de cada estimulación son acotados y calculados en busca de la diferencia de respuestas, siendo aceptado como nor­mal hasta un 20 % de desigualdad.

Los estímulos rotatorios y los eléctricos se usan con fines especiales y su interpretación es muy compleja.

Para una orientación diagnóstica elemental son suficientes los métodos descritos y no se requieren materiales especializados para su realización o interpretación.

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